sábado, 16 de enero de 2010

aaaa un hombreee


El hombre se acuesta
con sus mudas palabras
trepándole por la boca.
Hay miedo en esas palabras
miedo en esa lengua
miedo en la espalda enterrándose
entre las vaciedades de la sábana
miedo en el cuerpo que no encuentra
ahora la suave sombra carnal
que lo sustente
miedo en los relojes
que se gastan
miedo en el grito que solamente
las orejas del hombre
pueden escuchar.
El hombre espera con sus huesos solamente
y un silencio oscurísimo
fluye sin prisa
por todos los teléfonos.

lunes, 11 de enero de 2010

Mucho te quise y con dolor te miro
cuando aquí pasas con tu sueño a cuestas.
Mas para siempre, desde lejos, hondos
mis ojos te recuerdan.
Aquí en la tarde te contemplo
pasar hostil y sin clemencia.
Vas dura con tu sueño amargo y triste.
Ingrato sueño que el amor te veda.

Soy como un ciego -RUBÉN DARÍO-

Y tú que tanto amas, tanto ríes, tanto adivinas y conoces tanto,¿dónde el escudo para que te fíes, dónde el pañuelo de enjugar tu llanto? ¿Dónde el camino que no veo ahora? Dímelo o llora y el mirar suprime. ¿Es ya la noche que no tiene aurora? Dímelo, dime. Y sin embargo tu vivir empaña mi vivir con un vaho que es ternura,que es caliente rumor que me acompaña la noche oscura. Y sin embargo con tu mano guías y a tientas toco lo que apenas veo y digo acaso para que sonrías lo que no creo. Y toco apenas y tu bulto aprendo y torpe sigo lo que tú me indicas. Lo que no miro, lo que no comprendo, tú multiplicas.

Tú multiplicas, o quizás es tu invento porque lo vea aunque quizá no exista. Entre la noche de mi pensamiento dulce es tu vista. Dulce es tu vista, tu mirar risueño
que mira un llano donde estaba un monte y que a mi alma de temblor pequeño llamó horizonte. Dulce es tu vista que miró aquel lago y lo llamaba alegre mar bravío. Tu generoso corazón es mago.

¡Lo fuese el mío!

martes, 5 de enero de 2010

Fábula inefable de la niña loca

Tambor. ¡Tambor! Hermana: yo no quiero ser tambor me duelen demasiado los ojos en el agua desde que tengo abierta esta herida en el viento. Una vez me sembraron el alma de recuerdos y crecí como un árbol en la noche del tiempo, en donde está cayendo
como una sola gota, para siempre, el silencio.
Tambor. ¡Tambor! Hermana: yo no quiero ser tambor.
Aquella dulce niña, que, como yo, tenía dos blancas manos locas tendidas a la luna,
daba pena mirarla; porque sólo decía que la luna había vuelto sus manos mariposas:
mariposas de sueños que volando se iban por el cielo remoto de las lunas difuntas.
Tambor. ¡Tambor! Hermana: yo no quiero ser tambor.
Me basta con mi ancho corazón de voces, mis caminos de humos enterrados, mis campanas de nieblas doblando entre las sombras me basta con mis ojos sonámbulos que miran como crece de trinos la bondad de mis manos.
Tambor. ¡Tambor! Hermana: yo no quiero ser tambor.
-Lo comprendo; es posible: tú lloras porque piensas que yo no estoy presente; supones que me he ido hacia los lirios rotos heridos por el aire, hacia el mundo de hojas que desangra la noche; supones que me he ido -toda desvanecida- hacia el cielo sin lumbre en que devoran albas tardías los gusanos.
Yo estoy ausente, sí: ausente de la carne sin ensueños ni sangre de tus huecas palabras,más allá de tu muerta nominación de cosas.
Yo estoy ausente, sí, de tu forma distinta de pronunciar "amores", sepultada en un pecho nublado por el llanto.
-Tambor. ¡Tambor! Hermana: yo no quiero ser tambor.
Ahora que dolencias de sombras angustiadas ascienden por el agua desnuda de mis ojos
y mi herida no sangra en la carne del viento; ahora que estoy hecha de cosas enterradas y estoy henchida toda de estrellas como un río, no dejes que se vayan mis manos por el alba; no dejes que se vayan: Tengo miedo de un ángel oscuro que las llama.

Tambor. ¡Tambor! Hermana: yo no quiero ser tambor.

lunes, 4 de enero de 2010

La muerte se escribe sola


una raya negra es una raya blanca
el sol es un agujero en el cielo
la plenitud del ojo
fatigado cabrío
aprender a ver en el doblez
entresaca espulga trilla
estrella casa alga
madre madera mar
se escriben solos
en el polvo de la almohada

trozo de pan en el zaguán
abre la puerta
baja la escalera
el corazón se deshoja
la pobre niña sigue encerrada
en la torre de granizo
el oro el violeta el azul
enrejados
no se borran
no se borran
no se borran

a 1/2 voz

La lentitud es belleza.
Copio estas líneas ajenas
respiro
acepto la luz
bajo el aire ralo de este enero
bajo la hierba sin color
bajo el cielo cascado
y gris
acepto el duelo y la fiesta
no he llegado
no llegaré jamás
en el centro de todo
esta el poema intacto
sol ineludible
noche sin volver la cabeza
merodeo su luz
su sombra animal de palabras
husmeo su esplendor
su huella
sus restos
todo para decir
que alguna vez
estuve atenta,
desarmada

Sola casi
en la muerte
casi en el fuego
en tú fuego.

martes, 22 de diciembre de 2009

Una botella vacía se parece a mi alma


Solícito el silencio se desliza por la mesa nocturna, rebasa el irrisorio contenido del vaso. No beberé ya más hasta tan tarde: otra vez soy el tiempo que me queda. Detrás de la penumbra yace un cuerpo desnudo y hay un chorro de música hedionda dilatando las burbujas del vidrio. Tan distante como mi juventud, pernocta entre los muebles el amorfo, el tenaz y oxidado material del deseo. Qué aviso más penúltimo amagando en las puertas, los grifos, las cortinas. Qué terror de repente de los timbres. La botella vacía se parece a mi alma.