Ahora es de noche y escribo.
Escribo caída en la trampa de la costumbre
como una ave migratoria que, a ojos
de las otras,es sólo un bicho perdido,
demasiado confuso para volar.
Volar, errar detrás del agua sólo
para constatar la sed y darle un rincón,
el mismo que a la forma que en el lecho
el pensamiento deja de un cuerpo inalcanzable.
Sí. Es de noche. Y escribo este poema.
Mañana, pájaro de alas rotas, narrará la historia
de otro poema sin existencia
Lo poseeré mientras surja.
Luego será, seré abandonada.
¿Cómo podría ser de otro modo?
jueves, 13 de enero de 2011
sábado, 20 de noviembre de 2010
In retorno
En la desolación del tiempo ausente, en la tristeza que, de pronto, nace, en tanto amor perdidamente muerto, inclemente se eleva un insomne cuchillo que esparce por altas galerías del renacido otoño sus nostalgias.
En los cantos rodados de su cauce busco una piedra ardiente, un fuego mío que habitara mi sangre en otro tiempo, entonces llegas con el pelo al viento, entonces gimes como fuera entonces, entonces miro tu perfil desnudo, tras miles de momentos renaciendo, y vuelves a ser tú y yo retorno
a tus frutales labios y a tus besos, y de nuevo las ansias nos despojan de instantes y vestidos, entonces, ya desnudos de nostalgias y de angustias, nos inundan las aguas que clamaban, que rompían las ventanas y las tapias.
Amado, ahora de nuevo entre mis brazos, atravesando el polvo y la ceniza,retornas inmortal, tiendes las manos:
y el amarillo contraluz del tiempo esconde su derrota y su fracaso.
En los cantos rodados de su cauce busco una piedra ardiente, un fuego mío que habitara mi sangre en otro tiempo, entonces llegas con el pelo al viento, entonces gimes como fuera entonces, entonces miro tu perfil desnudo, tras miles de momentos renaciendo, y vuelves a ser tú y yo retorno
a tus frutales labios y a tus besos, y de nuevo las ansias nos despojan de instantes y vestidos, entonces, ya desnudos de nostalgias y de angustias, nos inundan las aguas que clamaban, que rompían las ventanas y las tapias.
Amado, ahora de nuevo entre mis brazos, atravesando el polvo y la ceniza,retornas inmortal, tiendes las manos:
y el amarillo contraluz del tiempo esconde su derrota y su fracaso.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Horas
11:30 P.M.
Durísima la luna. Igual que tú, tan lejos.
Suéñame, te digo, como te sueño aquí,
hasta que los dos sueños se conviertan en fuego,
hasta que mi aliento sea el tuyo,
hasta que respiremos cada uno
por la boca del otro. La luna
asoma, llena y sorda. No estás
al otro lado del teléfono y sólo
por un hilo de sueño podré hablarte.
Paz y fuerza me habitan. Entro
con pies descalzos en el lecho.
Estás hecho de espumas, estás
hecho de nubes, estás hecho de luz.
Compartamos los sueños.
10:30 A.M.
Moles de nieve, quietas, perturbadas
apenas por la luz. Nada conmueve
al resplandor, arriba. El cielo está
desnudo. El vértigo está aquí,
adentro, en la conciencia.
La nube derretida es piedra densa.
Más en calma este mar de vapores
que las nieves deshechas en la cumbre.
Allá la roca dura, el hielo, la nostalgia.
Un techo largo aquí, de plomo,
lagunas sólidas de plomo.
Yo viajo lentamente, encima de un gran
mar, blanco y sin sangre. El mundo
tiembla, abajo. Un segundo después,
la vida será otra. Nada más frágil
que este valle de nubes, arriba
de dos océanos. La rotación insomne
de la Tierra, el calor implacable,
el viento cruel, el simple y lento
tránsito del tiempo, la más ligera
sombra, destruirán el paisaje.
Nadie podrá volver hasta este
sitio. Baja el avión y el valle
no se altera. Atrás, horas atrás,
queda el desierto techo sin fronteras.
Pongo mi pie en la tierra, entro
en la sombra. El tiempo se estremece.
8:30 P.M.
Sé que voy a morir. Lo sé de cierto.
He vivido como si la muerte fuera
un recuerdo lejano. Pero tú has hecho
que la luz se prolongue en la alcoba.
¿Esa piel que tocaba en el sueño
era la tuya? Era en verdad la piel
amada de tu cuerpo entero.
Has hecho que renazca.
La luz, el cielo, el mundo
eran tiniebla. Pero viniste tú,
como nacido desde una piedra de fuego.
Llegaste como un pájaro súbito,
como un rayo de espumas. Semejabas
un espejo de soles, un mar de luz
que me envolvía. Amanecí. El sueño
era desnudo campo compartido.
Soñaba que te ahogaba
con mi aliento de mujer.
Iguales ambos sueños, te soñaba
como si mi cerebro anidara en tu cráneo,
como si el territorio de los sueños
fuera el débil territorio de una sangre común.
Tú te abrías como el mar,
para tragarme. Como la nube blanca,
envolviéndome, como la tierra negra.
El sueño era verdad. Entrábamos en él,
como por un espejo. Salíamos desde él,
como a través de una puerta de viento.
Mis ojos eran tuyos. Tus ojos me miraban
en la penumbra blanca de la alcoba.
Despertar o dormir era lo mismo.
Vivíamos vidas iguales, a un lado
y otro de la muerte, el amor era el mismo,
de un lado y otro de la vida.
Te besé hasta la dicha, te mordí
hasta la muerte. Yo, mujer,
fuí tu boca,
cigarro,tus labios.
Durísima la luna. Igual que tú, tan lejos.
Suéñame, te digo, como te sueño aquí,
hasta que los dos sueños se conviertan en fuego,
hasta que mi aliento sea el tuyo,
hasta que respiremos cada uno
por la boca del otro. La luna
asoma, llena y sorda. No estás
al otro lado del teléfono y sólo
por un hilo de sueño podré hablarte.
Paz y fuerza me habitan. Entro
con pies descalzos en el lecho.
Estás hecho de espumas, estás
hecho de nubes, estás hecho de luz.
Compartamos los sueños.
10:30 A.M.
Moles de nieve, quietas, perturbadas
apenas por la luz. Nada conmueve
al resplandor, arriba. El cielo está
desnudo. El vértigo está aquí,
adentro, en la conciencia.
La nube derretida es piedra densa.
Más en calma este mar de vapores
que las nieves deshechas en la cumbre.
Allá la roca dura, el hielo, la nostalgia.
Un techo largo aquí, de plomo,
lagunas sólidas de plomo.
Yo viajo lentamente, encima de un gran
mar, blanco y sin sangre. El mundo
tiembla, abajo. Un segundo después,
la vida será otra. Nada más frágil
que este valle de nubes, arriba
de dos océanos. La rotación insomne
de la Tierra, el calor implacable,
el viento cruel, el simple y lento
tránsito del tiempo, la más ligera
sombra, destruirán el paisaje.
Nadie podrá volver hasta este
sitio. Baja el avión y el valle
no se altera. Atrás, horas atrás,
queda el desierto techo sin fronteras.
Pongo mi pie en la tierra, entro
en la sombra. El tiempo se estremece.
8:30 P.M.
Sé que voy a morir. Lo sé de cierto.
He vivido como si la muerte fuera
un recuerdo lejano. Pero tú has hecho
que la luz se prolongue en la alcoba.
¿Esa piel que tocaba en el sueño
era la tuya? Era en verdad la piel
amada de tu cuerpo entero.
Has hecho que renazca.
La luz, el cielo, el mundo
eran tiniebla. Pero viniste tú,
como nacido desde una piedra de fuego.
Llegaste como un pájaro súbito,
como un rayo de espumas. Semejabas
un espejo de soles, un mar de luz
que me envolvía. Amanecí. El sueño
era desnudo campo compartido.
Soñaba que te ahogaba
con mi aliento de mujer.
Iguales ambos sueños, te soñaba
como si mi cerebro anidara en tu cráneo,
como si el territorio de los sueños
fuera el débil territorio de una sangre común.
Tú te abrías como el mar,
para tragarme. Como la nube blanca,
envolviéndome, como la tierra negra.
El sueño era verdad. Entrábamos en él,
como por un espejo. Salíamos desde él,
como a través de una puerta de viento.
Mis ojos eran tuyos. Tus ojos me miraban
en la penumbra blanca de la alcoba.
Despertar o dormir era lo mismo.
Vivíamos vidas iguales, a un lado
y otro de la muerte, el amor era el mismo,
de un lado y otro de la vida.
Te besé hasta la dicha, te mordí
hasta la muerte. Yo, mujer,
fuí tu boca,
cigarro,tus labios.
domingo, 3 de octubre de 2010
viernes, 10 de septiembre de 2010
-no es tan raro-
Cuánto rumor innecesario para una vida tan pequeña, dicen, como quien deja demasiados rastros tras de sí. No es bueno, sin embargo, atender a las voces de quienes exaltan el color del cielo queriendo confundir su terror con el mío.
Sabes, las últimas palabras que no pronuncié fueron tu nombre. Y ya, sólo mírame, no temas: no diré nunca nada de tu vida, ni escribiré de lo que compartimos, si consigo evitarlo.
La gente no se ocupa de nuestro sufrimiento por exceso de amor, pero nosotros tendremos al fin tiempo para dedicarnos a tu cuerpo y el mío.
Y, aunque despliego el abanico de tu piel entre mis manos, como un mapa, y en él dibujo los itinerarios que habrán de conducirme hasta la muerte, ya no hay ninguna razón para que envejezcamos juntos, - eso dicen los otros mientras nos contemplan al borde del acantilado de su licuefacción -
Escucho cómo su voz conspira en lo visible. Dales una migaja de tu oscuridad, no sexo ni deterioro, o es que acaso:
¿no adviertes que tan sólo buscan interpretar las huellas de nuestro silencio?,
¿no adviertes que tan sólo buscan interpretar las huellas de nuestro silencio?,
¿que el sonido no ofrece ya conocimiento, sino incertidumbre y orfandad?
Recuerdo la promesa: un pájaro que sueña con el alba vendrá a nosotros como sombra, en la gris desembocadura de la noche, cuando nos despertemos juntos, carcomidos por los murmullos de dos cuerpos libres que nadie pudo reducir.
Gocemos; no hay nada que apacigüe tu temblor ni mi respiracón. Cuando después de la explosión, todo termine, ¿en qué punto o espacio crees que estarán? ¿quedarán ruinas?, y nosotros ¿haremos de los perfectos estupidos que somos?
viernes, 3 de septiembre de 2010
¡sometimes!
y el otoño es la única postura que mi frente puede tomar para pensar en ti.
A veces te descubro en el rostro que no tuviste y en la aparición que no merecías, a veces es una calle al anochecer donde no habremos ya de volver a citarnos, mientras el tiempo transcurre entre un movimiento de mi corazón y un movimiento de la noche.
A veces tu ausencia aparece lentamente en mi sonrisa igual que una mancha de aceite en el agua, y es la hora de encender ciertas luces y caminar por la casa evitando el estallido de ciertos rincones.
En tus ojos hay barcas amarradas,pero yo ya no habré de soltarlas,en tu pecho hubo tardes que al final del verano todavía miré encenderse. Y éstas son aún mis reuniones contigo,el deshielo que en la noche deshace tu máscara y la pierde.
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