jueves, 20 de octubre de 2011

La primera brasa que tuve se llamaba Aída.
Tenía el pelo alegre como un trigal sembrado en una perla, y unos ojos de fiesta donde el cielo
nacía diariamente.(Ella fue la culpable de que yo empezara a escribir garabatos sobre las espaldas de lejanas estrellas). Los dos éramos hijos de una madre alegre,los dos éramos hijos de esa clase de padres sudorosos que aman la paz y aman el trabajo y que al acariciar manchan de grasa y bigote.
La primera brasa que tuve se llamaba Aída.
Los dos creíamos que la vida era un juego azul carente de final. Yo recuerdo que nunca nos pusimos a pensar en la guerra y en sus muertos ni en los países grandes que conservan sus deudos con cañones y con tanques. Nunca hablamos de eso. Ni del hambre que roe y que taladra los estómagos y aúlla en las esquinas de los barrios.
Los dos éramos niños todavía. Ella fué un liriosol entre mis manos, un venado de fuego saltando por mi frente, un canarioazucena bañando mi costado de músicaperfume.
Han pasado los años. Aída es una flecha cruzando mi recuerdo.
Yo estoy como los árboles: enraizado a la tierra, frente a los huracanes, con los brazos cubiertos de frutos y de trinos; esperando el fulgor de un nuevo día.

lunes, 3 de octubre de 2011


En los cuatro costados sacrificio
y en la niñez una muñeca herida.
Me empujaron los sueños en octubre
y de golpe, con urgencia,
conocí al hombre que ya conozco.
Quise salvar el canto tímidamente
y en la presencia del otoño levanté mi casa
con dos ventanas de tronco y rocío.

jueves, 13 de enero de 2011

Ahora es de noche y escribo.
Escribo caída en la trampa de la costumbre
como una ave migratoria que, a ojos 

de las otras,es sólo un bicho perdido, 
demasiado confuso para volar. 
Volar, errar detrás del agua sólo 
para constatar la sed y darle un rincón, 
el mismo que a la forma que en el lecho
el pensamiento deja de un cuerpo inalcanzable.

Sí. Es de noche. Y escribo este poema.
Mañana, pájaro de alas rotas, narrará la historia
de otro poema sin existencia
Lo poseeré mientras surja.
Luego será, seré abandonada.
¿Cómo podría ser de otro modo?

sábado, 20 de noviembre de 2010

In retorno

En la desolación del tiempo ausente, en la tristeza que, de pronto, nace, en tanto amor perdidamente muerto, inclemente se eleva un insomne cuchillo que esparce por altas galerías del renacido otoño sus nostalgias.

En los cantos rodados de su cauce busco una piedra ardiente, un fuego mío que habitara mi sangre en otro tiempo, entonces llegas con el pelo al viento, entonces gimes como fuera entonces, entonces miro tu perfil desnudo, tras miles de momentos renaciendo, y vuelves a ser tú y yo retorno
a tus frutales labios y a tus besos, y de nuevo las ansias nos despojan de instantes y vestidos, entonces, ya desnudos de nostalgias y de angustias, nos inundan las aguas que clamaban, que rompían las ventanas y las tapias.


Amado, ahora de nuevo entre mis brazos, atravesando el polvo y la ceniza,retornas inmortal, tiendes las manos: 
y el amarillo contraluz del tiempo esconde su derrota y su fracaso.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Horas

11:30 P.M.

Durísima la luna. Igual que tú, tan lejos.
Suéñame, te digo, como te sueño aquí,
hasta que los dos sueños se conviertan en fuego,
hasta que mi aliento sea el tuyo,
hasta que respiremos cada uno
por la boca del otro. La luna
asoma, llena y sorda. No estás
al otro lado del teléfono y sólo
por un hilo de sueño podré hablarte.

Paz y fuerza me habitan. Entro 
con pies descalzos en el lecho. 
Estás hecho de espumas, estás 
hecho de nubes, estás hecho de luz.

Compartamos los sueños.


10:30 A.M.

Moles de nieve, quietas, perturbadas 
apenas por la luz. Nada conmueve 
al resplandor, arriba. El cielo está 
desnudo. El vértigo está aquí, 
adentro, en la conciencia. 
La nube derretida es piedra densa. 
Más en calma este mar de vapores 
que las nieves deshechas en la cumbre. 
Allá la roca dura, el hielo, la nostalgia. 
Un techo largo aquí, de plomo, 
lagunas sólidas de plomo.

Yo viajo lentamente, encima de un gran 
mar, blanco y sin sangre. El mundo 
tiembla, abajo. Un segundo después, 
la vida será otra. Nada más frágil 
que este valle de nubes, arriba 
de dos océanos. La rotación insomne 
de la Tierra, el calor implacable, 
el viento cruel, el simple y lento 
tránsito del tiempo, la más ligera 
sombra, destruirán el paisaje. 
Nadie podrá volver hasta este 
sitio. Baja el avión y el valle 
no se altera. Atrás, horas atrás, 
queda el desierto techo sin fronteras.

Pongo mi pie en la tierra, entro
en la sombra. El tiempo se estremece.


8:30 P.M.

Sé que voy a morir. Lo sé de cierto. 
He vivido como si la muerte fuera 
un recuerdo lejano. Pero tú has hecho 
que la luz se prolongue en la alcoba. 
¿Esa piel que tocaba en el sueño 
era la tuya? Era en verdad la piel 
amada de tu cuerpo entero. 
Has hecho que renazca.

La luz, el cielo, el mundo
eran tiniebla. Pero viniste tú,
como nacido desde una piedra de fuego.
Llegaste como un pájaro súbito,
como un rayo de espumas. Semejabas
un espejo de soles, un mar de luz
que me envolvía. Amanecí. El sueño
era desnudo campo compartido.
Soñaba que te ahogaba
con mi aliento de mujer.
Iguales ambos sueños, te soñaba
como si mi cerebro anidara en tu cráneo,
como si el territorio de los sueños
fuera el débil territorio de una sangre común.

Tú te abrías como el mar, 
para tragarme. Como la nube blanca, 
envolviéndome, como la tierra negra. 
El sueño era verdad. Entrábamos en él, 
como por un espejo. Salíamos desde él, 
como a través de una puerta de viento. 
Mis ojos eran tuyos. Tus ojos me miraban 
en la penumbra blanca de la alcoba. 
Despertar o dormir era lo mismo. 
Vivíamos vidas iguales, a un lado 
y otro de la muerte, el amor era el mismo, 
de un lado y otro de la vida.

Te besé hasta la dicha, te mordí 
hasta la muerte. Yo, mujer,  
fuí tu boca, 
cigarro,tus labios.

domingo, 3 de octubre de 2010

Descuartízame 
y luego almacena mis restos
en la bodega de tus párpados
para que así
recuerdes tu flagelo
y te duelan más que a mí
los cuchillos del sexo.
Yo amaestré a las criaturas
que desde el suelo
se levantaban hasta tus ojos
y permití que inventaras
nuevas formas de usar mi cuerpo.

Yo puse sobre tu frente
al padre
al hijo
y al espíritu santo
pero aun así
necesitaba hacerte este poema