domingo, 25 de julio de 2010

A la puntualidad.

No es que haya nacido en otra parte. Mucho menos, que me preocupe el tiempo en su belleza de abstracta redondez lunática. Es que los minutos me muerden los talones hormigas enfurecidas urgiéndome a hacer a no detenerme en función de los finales. 
Es muy cierto  la prisa es un agujero en la calma del insomne, una muralla en la planicie de los sueños, un abrevadero de ilusiones que a menudo fallan.

No es que me avasalle el miedo a la tardanza pero la magia se me acaba; he perdido las fórmulas los jeroglíficos, las pócimas, la clave de los secretos que guardaba, las cosas que el sabio Fritz confió a mis huesos.

Lo confieso cada vez soy menos yo y más lo que he vivido.

Por eso es que me apuro para no llegarle tarde a la que realmente he sido cuando todo se acabe.

domingo, 18 de julio de 2010

a los viejos & los nuevo

Vengo de mitos desbaratados donde se quiebra el tiempo. Armo en mi ser nuevas estructuras,  necesito el mármol de las viejas creencias para apoyarme en algo.
Definitiva ha sido mi luz y mi ceguera, ha sido tajante su alucinada escarcha y mi intento triste de huir de cualquier dogma.
Así, regreso a buscar el techo de una casa, el calor de las mentiras conocidas, el cristal que deforme una visión con los gastados sueños rosa.
Huí de falacias acreditadas, me despojé de su facilidad y sus cristales,  y de pronto en la gruta de Platón vi mi silueta terriblemente deformada.

domingo, 4 de julio de 2010

Algo largo para ti

Hace más de un año que te fuiste tal vez hacia otro país, muy al norte de aquí. Yo no sé cuanto tiempo estarás alejado  ni si regresarás, pero para que al volver no te asusten los cambios que ves, te hago un resumen de noticias, donde te cuento un poco de todo lo que pasó este último mes.

Hoy el diario dice que el costo de la vida subirá, que perdió Argentina y que Colombia amaneció con mar. Que una bebé anunció el fin del mundo y que a todos los Escorpión les toca perder y a los Cancer ganar.
Dice que los sueños, por ley, se prohibieron en la Amazonia, que hoy ha muerto un poeta de pena, que una puta extranjera quedó sin hogar, que un pintor renunció a los colores y la vida y la muerte han firmado por fin
un tratado de paz.
Leí que el destino le ha declarado la guerra al “dios dirá”, que el anticristo come en la Casa Blanca y que el diablo en persona eructa en Irak. Que las naciones no están unidas y que sólo esperamos que algún energúmeno apriete el botón...

Pero en ninguna parte leí que tú aún te acuerdas de mí, ni que quieres volver, a vivir ese tiempo de arraigo de nuestra pasión, a soñar con la casa en el cerro con vista al amor. Ni a dormir a mi lado en las noches, ni a mirarme con triste reproche, cuando evoco al dolor.

Hoy la radio dijo, que ha muerto alguien con quien yo dormí, que amaneció lloviendo en Chile y que en la Pampa falta que comer, que en Perú ya no cocinan fideos, que un golpe de estado triunfó en Disneylandia...
y tonterias asi. Dicen las noticias, que Bolivia quiere salir al mar, que la vida es más lenta en verano y que una viuda se casa por fin. Que todo un país grita “Gato presente” y que el nuevo Presidente no viaja a ningún lado sin su carta astral...

Pero ninguna radio me dio la certeza de volverte a ver, para recuperar tu sonrisa, tu voz, tu mirada, tu manera de ser, tus palabras de aliento, tu forma especial de querer, los mordiscos que a veces me dabas, las marcas de tu amor en mi espalda...que ahora duelen más.

Hoy vi en la tele que el jaguar está en peligro de extinción, que la bolsa cayó hasta los suelos y que la vacuna antisida falló, que el alcalde bajó en las encuestas y que la respuesta a los males del mundo no está en el Corán. Dice el noticiero, que están matando niños en Aysén, que el pasaje de bus es más caro y los estudiantes se botan a paro para protestar que han desaforado a otro diputado, mientras en el Parlamento se aprueba una ley que prohíbe volar.

Pero en ningún canal divisé tu silueta siquiera al pasar, yo no vi ni un close–up de tus ojos cansados de verme tomar o fumar, de tus brazos rodeando mi cuerpo en un adiós filial, del Otoño como una amenaza, del dolor de encontrar en mi casa recuerdos de tu amor...

Por eso ahora escucho noticias, para conformarme con mi realidad y compartir con ella mi soledad, y para oír cuando la BBC haga el anuncio que has anotado el gol del triunfo, vestido de rojo, en la final de un mundial, o recibiendo el Oscar al mejor director, o tal vez un Nobel  por nuestro libro de amor,  o que te has coronado campeón de un torneo interamericano de orgullo e incomprensión.

Por eso ahora yo miro las noticias, para alejarme de tu alejamiento, para olvidar que ya me has olvidado,
para ver si la CNN te muestra a bordo de un barco y salvando ballenas al sur del Japón, o protestando por la guerra en Irak, ratificando el Tratado de Paz, o piloteando el avión que se estrelle de frente contra mi esperanza de amarte tan sólo una vez más...

lunes, 21 de junio de 2010

Mirarme hoy es ponerse más triste que una calle a la que el viento hubiese dejado sin visillos. Es ser como una alcoba sin camas habitables, como un tejado roto que asustara los nidos. Me miras y te afliges y quieres acercarle la memoria a mis ojos de nuestro tiempo vivo. Hoy tengo la esperanza color de algunos árboles, de aquellos que en otoño se mueren de amarillo.

No sé dónde ponerme los huesos en la carne, cómo esconderle al pecho su largo pasadizo. Mirarme hoy es ponerse más triste que una clase sin tiza y sin pupitres, donde no hubiese niños. Confieso que te quiero más que nunca esta tarde, hoy que tiemblas de miedo junto a mi maleficio. Tus ojos se me entregan com el rostro de un parque donde, nuevos, los sauces emigraran de sitio.

Me miras y sostienes un pájaro en el aire, el cielo respirable que me ha sido prohibido. Tus manos me consuelan con su fruta abundante, van sanándome dentro más despacio que un siglo. Miras como ofreciendo tus ojos inyctables, tus ojos enfermeros frescos como un racimo. Mirarme hoy es ponerse más triste que un paisaje donde nunca las ramas despertaran de mirlos.

Y yo, porque te amo, me oculto en este traje de sábanas que lavan su muerte los domingos. Me asomo a tus dos ojos como a dos ventanales. Confieso que te quiero como nadie me quiso.

Porque tú, que me miras, ya no encuentras a nadie. Nadie que me conozca puede decir que existo.
Acuden a mis ojos tus ojos a llorarme.
Llegas a despedirte. 
Te has mentido, amor mío.

sábado, 19 de junio de 2010

-Ya no escribo-

Qué diera al mediodía por no ser yo, fijarme en otras cosas, desentrañar con garfios las íntimas razones de cualquier otra mujer sentada en la plaza pública, explicar aquel traje que avanza contra la voluntad obesa de su dueño; la risa desmontable del globero, la cicatriz humanizando apenas el muslo acitronado de la recepcionista. Qué diera lo que resta de la tarde por un ojo de mosca, multiplicado obsceno vouyerista de ajenas percepciones, que un polizón me diera una conciencia nunca antes martajada —por ejemplo la mía. Pero no tengo sino esta vista gorda, algo como ambición de caballo placero, unos zapatos grises que renuncian cada trescientos días, una barba postiza este cuaderno y un billete doblado en cuatro partes...dormitando la inocencia entre los senos de alguna persuasible que pagará la cuenta.

Y al final no escribo nada.

Llevo noches corrigiendo balbuceos podridos desde el útero, alimentando de palabras al reptil que gira en mi cerebro y lo envenena. Aborto ideas antes de concebirlas en tanto el primer verso devora a los siguientes en un afán caníbal de silencio. Debajo de mis párpados los sueños, justo antes de soñarlos, se vuelven pesadillas que jamás recuerdo y me despiertan temblando sin memoria, inquilino de un cuerpo que disuelve la noche sin saberlo.

jueves, 17 de junio de 2010

Tengo que darles una noticia negra y definitiva: todos ustedes se están muriendo.
Los muertos, la muerte de ojos blancos, las muchachas de ojos rojos volviéndose jóvenes, las muchachas ,las madres, todos mis amorcitos. Yo escribía  y dije amorcitos -digo que escribía una carta, una carta ,una carta infame- pero dije amorcitos estoy escribiendo una carta. Otra será escrita mañana.
Mañana estarán ustedes muertos y  la carta intacta, la carta infame también está muerta; escribo siempre y no olvidaré tus ojos rojos, es todo lo que puedo prometer, tus ojos inmóviles tus ojos rojos. Es todo lo que puedo prometer. Cuando fui a verte tenía un lápiz y escribí sobre tu puerta: Esta es la casa de las mujeres que se están muriendo, las mujeres de ojos inmóviles, las muchachas de ojos rojos. Mi lápiz era enano y escribía lo que yo quería. Mi lápiz enano mi querido lápiz de ojos blancos; pero una vez lo llamé el peor lápiz que nunca tuve (menos mal no oyo) No oyó lo que dije no se enteró, sólo tenía ojos blancos. Luego besé sus ojos blancos y él se convirtió en ella y la desposé por sus ojos blancos y tuvimos muchos hijos...Mis hijos o sus hijos.
Cada uno tiene un periódico para leer -los periódicos de la muerte que están muertos- sólo que ellos no saben leer porque no tienen ojos, ni rojos, ni inmóviles, ni blancos. Siempre estoy escribiendo y digo que todos ustedes se están muriendo pero ella es el desasosiego y no tiene ojos rojos: Ojos rojos, ojos inmóviles.
Bahhh no la quiero.

Me vale huevo

Hoy a las cinco y treinta de la tarde el patio de atrás de mi jardín en ruinas era el paraíso que menciona La Biblia. No tuve duda dello al sentir las caricias de la brisa y del sol sobre mis brazos y espalda. Los pájaros cantaban en lo alto de los árboles y las flores lucían sus colores pavoneándose. Al acercármeles las lagartijas no huían y me miraban más bien estupefactas, casi desafiantes. No titubeé en probar la manzana madura que el Diablo me ofrecía. Lo vi llegar vestido de cantante de rap: pantalones a la rodilla y tenis, gorra con visera hacia atrás. No tuve miedo. Era tan dulce su sonrisa y era tan simpática. Otras veces lo he odiado y le he tirado piedras. Lo he golpeado con mi cartera y lo he perseguido con la escoba. Pero hoy, un día jueves del mes de Junio, mi patio era un sueño que se imponía al mundo y los copos de luz cubrían las hojas; los muros derruídos quedaban traspasados por sus rayos infinitamente frágiles.

Miré al diablo y no quise agredirlo de nuevo asi que acepté la manzana, que era roja igual que nos la ilustran los pintores del Renacimiento europeo. La probé y era suave y tuve pena del Diablo y su destino. Que mal, todo lo que él quería que yo hiciera me parecía aburrido. Nada podía comparárse a la luz y a la brisa entretejidas sobre mi piel, hoy a las cinco y treinta de la tarde en mi jardín cerrado entre muros antiguos. Lo miré tristemente y me encogí de hombros y él se fue maldiciendo calle abajo con el rabo metido entre las patas. Eran las cinco y treinta de la tarde.