sábado, 19 de junio de 2010

-Ya no escribo-

Qué diera al mediodía por no ser yo, fijarme en otras cosas, desentrañar con garfios las íntimas razones de cualquier otra mujer sentada en la plaza pública, explicar aquel traje que avanza contra la voluntad obesa de su dueño; la risa desmontable del globero, la cicatriz humanizando apenas el muslo acitronado de la recepcionista. Qué diera lo que resta de la tarde por un ojo de mosca, multiplicado obsceno vouyerista de ajenas percepciones, que un polizón me diera una conciencia nunca antes martajada —por ejemplo la mía. Pero no tengo sino esta vista gorda, algo como ambición de caballo placero, unos zapatos grises que renuncian cada trescientos días, una barba postiza este cuaderno y un billete doblado en cuatro partes...dormitando la inocencia entre los senos de alguna persuasible que pagará la cuenta.

Y al final no escribo nada.

Llevo noches corrigiendo balbuceos podridos desde el útero, alimentando de palabras al reptil que gira en mi cerebro y lo envenena. Aborto ideas antes de concebirlas en tanto el primer verso devora a los siguientes en un afán caníbal de silencio. Debajo de mis párpados los sueños, justo antes de soñarlos, se vuelven pesadillas que jamás recuerdo y me despiertan temblando sin memoria, inquilino de un cuerpo que disuelve la noche sin saberlo.

1 comentario:

phobia dijo...

monstruoso!!!!!!!!!!!!!!!
=D